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Polonia, un país de la Europa del Este cuyos ciudadanos son más aficionados al orujo y al vodka que al patinaje sobre hielo, lleva la friolera de 45 años practicando una curiosa costumbre: recoger los borrachos de las calles y alojarlos en hotelitos preparados para este tipo de clientela. Nada menos que un millón doscientas mil personas han pasado ya por estos establecimientos solamente en la capital, Varsovia, lo que nos da una media de más de 26.000 borrachines al año (y eso sin contar con los que se cogen la trompa en casa, los que son capaces de llegar hasta ella por sus propios medios, los que se caen por alguna alcantarilla antes de llegar, los que se teletransportan a otro lugar sin saber cómo y amanecen en Cuenca a la mañana siguiente, los que son abducidos por una nave espacial, etcétera, etcétera).
El caso es que un país donde hace un frío que pela durante gran parte del año, es realmente peligroso quedarse durmiendo la mona en la calle, ya que las bajas temperaturas, unidas al efecto del alcohol, tienen efectos mortales en los borrachines, que acaban pereciendo por hipotermia o atropellados por el camión de la basura los que no son tan afortunados.
Para evitar esto, unas patrullas recorren las calles con la misión de recoger a todo aquel beodo que no se sujete en pie. Una vez en el vehículo, son conducidos a estos hoteles especiales donde son sometidos a un tratamiento para despejarles un poco y que puedan dormir en paz. Por supuesto, si su estado lo requiere son inmediatamente conducidos al hospital más cercano para que les pongan una buena dosis de Vitamina B12. Leer la noticia completa »










