
Jessica Harrison es una artista, probablemente poseída por el mismo diablo que el propio Marilyn Manson, que no hace asquitos ni pudores a las vísceras y sangre. Sus muñecas de porcelana parecen sacadas de una película de George A. Romero y rompe con el estereotipo ideado para este tipo de miniesculturas.
Para los amantes del arte bizarro, estas porcelanas no deben faltar en ningún estante o vitrina de un auténtico serial-killer. Leer la noticia completa »




