
Aunque se considera un deporte violento, feroz y sin piedad, un juego donde los sentimientos solo te pueden llevar a la pérdida de victoria, estos hombres del campo también saben llorar, sea de dolor o emoción. Hasta el jugador más duro es capaz de convertirse en un osito amoroso en los encuentros más emotivos. Ni qué decir de Cristiano Ronaldo en sus momentos más vulnerables.




























