
Generalmente, los ácidos no suelen despertar gran simpatía ni tampoco algún tipo desenfrenado de pasión. Sin embargo, con el solo hecho de mencionarlos en inglés como por arte de magia adquieren inmediatamente un matiz resplandeciente en que gozan de gran popularidad y son fervorosamente apetecidos, llegando a conquistar incluso a los paladares más esquivos, especialmente femeninos, que suelen señalar no beber nada de alcohol salvo alguno de estos tragos.
Ahora, sea cual sea el nombre que le pongamos a cualquiera de los miembros del clan Sour, la preparación de cualquiera de ellos siempre deberá incluir que en una juguera o una coctelera se mezclen todos los ingredientes y luego se sacie inmediatamente la ansiedad generada por la observación de tal procedimiento, pudiendo adornarse el recipiente utilizado con un corte de limón y/o agregando azúcar flor en el borde de la copa. Eso siempre que dicha ansiedad pueda prolongarse por algunos segundos más…
A continuación algunas de sus versiones más reconocidas:
- Pisco sour
1 medida de pisco
2 medidas de jugo de limón de Pica
(otros prefieren 3 medidas de pisco y 1 de limón, yo lo prefiero más ácido, cada uno gradúa a su gusto…)
2 cucharaditas de azúcar flor (también agregar en el borde de la copa)
2 cubos de hielo picado
1 clara de huevo
- Tequila sour
1 ½ medidas de tequila blanco
2 medidas de jugo de limón
(otros prefieren esas medidas a la inversa…)
1-2 cucharadas de azúcar
50 grs de guayaba
3-4 cubos de hielo
Delicioso y refrescante
- Vodka sour
1 ½ medidas de vodka
2 medidas de jugo de limón
(la relatividad en las medidas se impone…
)
1-2 cucharadas de azúcar
3-4 cubos de hielo
- Amaretto sour
1 ½ medidas de amaretto
2 medidas de jugo de limón
3-4 cubitos de hielo
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Raros son los productos a los que se dedicaban tratados científicos, pero el vodka ruso sí que tuvo este honor. El naturalista destacado del XVIII Karl Línea escribió un trabajo bajo el título ”El
Polonia, un país de la Europa del Este cuyos ciudadanos son más aficionados al orujo y al vodka que al patinaje sobre hielo, lleva la friolera de 45 años practicando una curiosa costumbre: recoger los borrachos de las calles y alojarlos en hotelitos preparados para este tipo de clientela. Nada menos que un millón doscientas mil personas han pasado ya por estos establecimientos solamente en la capital, Varsovia, lo que nos da una media de más de 26.000 borrachines al año (y eso sin contar con los que se cogen la trompa en casa, los que son capaces de llegar hasta ella por sus propios medios, los que se caen por alguna alcantarilla antes de llegar, los que se teletransportan a otro lugar sin saber cómo y amanecen en Cuenca a la mañana siguiente, los que son abducidos por una nave espacial, etcétera, etcétera).

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